Las montañas de la Cordillera Central de Puerto Rico fueron en su momento la fuente de uno de los cafés más codiciados del mundo — el Café de Yauco se enviaba a las cortes de la realeza europea a finales del siglo XIX. Tras décadas de declive por el huracán Hugo en 1989 y cambios económicos, un renacimiento de la especialidad está en marcha. El terroir único de la isla — suelos volcánicos, vientos alisios del Atlántico y lluvia tropical constante — produce cafés con un cuerpo rico y cremoso diferente a cualquier cosa cultivada en el continente centroamericano.
El café puertorriqueño lleva una de las historias de origen más dramáticas del mundo cafetero: de las mesas de la realeza europea a casi extinguirse y de vuelta. Los productores de especialidad de hoy en Yauco, Lares y Las Marías están escribiendo el próximo capítulo de esa historia.